El poder, los medios y los miedos
El panorama social que dibujan los mediosescritos día a día se vuelve más lamentable.
Superlativos como horroroso, cruento, espeluznante,
dantesco y macabro son hoy palabras de
uso frecuente en las portadas de la prensa.
Por Manuel Gallardo Fuentes
Publicado en Instintos Primarios
Publicado en Instintos Primarios
Las bajas pasiones venden. El crimen también. El recurso más socorrido de la prensa escrita nacional parece sustentarse, desde hace ya algunos años, en dos pilares bien definidos. La delincuencia asociada las clases de menos ingresos, y el escándalo, sea éste político o de la farándula.
Una ecuación en la que los principales favorecidos son los empresarios y los grandes grupos económicos, de cuyas vidas y obras poco y nada se sabe. Una de dos, o debemos sentirnos orgullosos porque el mundo privado chileno es prístino e inmaculado, o nos preocupamos porque tiene mucho que esconder y goza de la fuerza para hacerlo.
El panorama social que dibujan los medios escritos día a día es más lamentable. Superlativos como horroroso, cruento, espeluznante, dantesco y macabro se han vuelto palabras de uso frecuente en las portadas de la prensa. El menú de la delincuencia es amplio y, según se entiende, la demanda del público por conocer sobre estos hechos es también elevada.
Adicionalmente, los pobres aparecen como protagonistas y responsables casi exclusivos del aumento de la delincuencia. Los relatos de atracos, hurtos y pandillaje abundan, generando de paso un estigmatización sobre grupos sociales específicos.
“Si ponemos cultura y noticias blancas el diario no se vende” afirmaba hace algunas semanas el responsable comercial de una importante cadena de medios en conversación informal con sus colaboradores cercanos. Una simplificación agresiva que tiene su correlato en un periodismo poco prolijo, que persigue la nota fácil y efectista, pero que no se detiene en análisis de contenido.
La oposición al periodismo sensacionalista no está en la producción de contenidos para las elites, más bien radica en la capacidad del medio para apropiarse de los temas con profundidad y contundencia. ¿Dónde está, entonces, el problema? Quizá en los bajos salarios, quizá en el tinte monopólico de los medios –principalmente los escritos-, quizá en la complacencia del público. Quizá en la urgencia de las autoridades por ganar minutos al aire o páginas impresas. Quizá por la mezcla de todos estos elementos y la visión de unos pocos para potenciar, desde ese caos, un modo de usar el medio como vehículo del poder.
La fábrica de noticias
El propietario de la cadena de diarios más importante de el país, El Mercurio, Agustín Edwards es también el principal sostenedor de la fundación Paz Ciudadana, “una institución de derecho privado, sin fines de lucro, creada en abril de 1992 con el objetivo de contribuir a la disminución de la delincuencia a través de la colaboración técnica en la formulación de políticas, y del desarrollo y transferencia de herramientas de trabajo”, según lo indica el sitio web www.pazciudadana.cl.
Cada cierto tiempo, la fundación creada por Edwards tras el secuestro de su hijo Cristian a principios de los 90, sorprende a la opinión pública con encuestas y estudios en los que, sistemáticamente, se da cuenta del aumento de la percepción de inseguridad en la ciudadanía.
Paz Ciudadana se ha vuelto una organización experta en cuantificar el miedo, pero nunca ha intentado analizar los orígenes de éste. Un origen que, en buena medida, tiene un territorio fértil en las portadas de los propios medios del octogenario magnate de las comunicaciones, las mismas que nos muestran nuestras ciudades bajo un panorama tan desolador que ni García Márquez -en sus momentos más eufóricos- ni Sábato –en su exquisito pesimismo- habrían podido imaginar.
En la Región de Los Lagos, Paz Ciudadana aplica habitualmente sus estudios en las ciudades de Osorno y Puerto Montt. En el informe denominado “Indice Paz Ciudadana” de junio de 2004, elaborado por la propia fundación en conjunto con Adimark, la capital de la región de los Lagos sitúa en un 14,4 por ciento el indicador de percepción de alto temor entre la ciudadanía. El mismo indicador señala que la media del país es de un 16,7%. En el año 2000, cuando empezó a aplicarse el informe, el indicador era de 9,7 por ciento.
Se trata de estadísticas cuya elaboración es cuestionada por más de un investigador o metodólogo.
El libro “La guerra y la paz ciudadana”, escrito por los periodistas Juan Andrés Guzmán y Marcela Ramos, denuncia debilidades teóricas en la fundación, como el hecho de que no haya criminólogos entre sus profesionales y vincula el rol de esta institución a intereses marcados por una base de influencia económica y política de alcance mayor del que se supone a simple vista.
La delincuencia, señala el texto, "se transformó en un feroz argumento político, capaz, por su carga de temor, de movilizar a las personas, conseguir portadas de diario, influir radicalmente en la agenda pública".
Más números
Otra encuesta, esta vez titulada “Delincuencia y opinión pública” presentada en enero de 2005 por Paz Ciudadana y Adimark, señala que un 40 por ciento de la población nacional sabe en que consiste la Reforma Procesal, mientras un 30,8 conoce sólo el nombre y un 29 por ciento no sabe de qué se trata.
Con el Plan Cuadrante de Carabineros pasa algo parecido. Un 48,3 por ciento lo conoce, un 25,5 sólo lo ha oído nombrar y un 26,6 no sabe qué es.
Donde la situación se torna dramática, según Paz Ciudadana, es en el programa Comuna Segura, que ejecutan los municipios en conjunto con el Ministerio del Interior. Ahí, un 12,4 por ciento de la población afirma conocer el programa, un 15,8 lo conoce de nombre y un 71,8 no lo conoce.
La velada crítica al programa Comuna Segura en función del desconocimiento masivo de éste –y que se hace extensiva a la acción del gobierno y los municipios, en tanto responsables de su ejecución- oculta otro dato bastante elemental, pero poco recurrido, y es que la gente se informa a través de los medios de comunicación. Por lo tanto, sabe lo que los medios le cuentan y desconoce aquello que los medios dejan de decir. Y aquí estamos nuevamente frente a otra arista que las estadísticas de Paz Ciudadana no abordan.
La opinión internacional va más lejos. El reporte “Cruzada derechista contra la inseguridad”, desarrollado por el investigador mexicano Edgar González para la ONG Red Voltaire en Junio de 2004 señala que la tendencia apunta a ligar el tema de la delincuencia a las clases sociales más desposeídas. “El «verdadero éxito» de Paz Ciudadana fue haber exacerbado la sensación de inseguridad que hace desconfiar a uno del otro y temer su cercanía, sobre todo si es pobre, mal vestido y «mal hablado»”, indica el texto.
González hace ver, al igual que el libro de Ramos y Guzmán, que la cruzada por la seguridad tiene un trasfondo político mayor. “Convertida en una de las preocupaciones más sentidas por la población, la seguridad ciudadana es bandera obligada de los partidos y alianzas políticas que se disputan el poder, mientras la inseguridad hace crecer los gastos públicos y privados. Vivir con el miedo de ser asaltado y despojado de sus muchos o pocos bienes se acepta como algo inherente de la época actual”, indica el informe.
Un extenso informe sobre la propiedad de los medios en Chile preparado por Ernesto Carmona para la agencia argentina Argenpress en septiembre del año pasado emite severas afirmaciones sobre el rol de los medios y de Paz Ciudadana.
“A través de su Fundación, Edwards influye las políticas de 'seguridad ciudadana' que diseña el gobierno. Así resulta coherente que sus periodistas-jefes de regiones tengan órdenes de privilegiar la sangre en las portadas y en las noticias radiales. Nadie debe dudar de que la 'delincuencia' es la fuente de todos los males -por culpa del gobierno, claro-, tal como Bush lo logró en EEUU con el 'terrorismo'”, señala parte del extenso documento.
“Si no aparece en la prensa no existe”, dicen los más ortodoxos. Y si aparece en la prensa existe, aunque no sea real, habría que agregar. Paz Ciudadana tiene el diagnóstico, falta el compromiso con la solución del problema, porque quienes manejas Paz Ciudadana, manejan los medios y, al parecer, también los miedos.
Manuel Gallardo Fuentes
Periodista
Registro 4.417
Colegio de Periodistas

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